Ya no es el mismo que el del año pasado,
muchas cosas han variado.
El uno de enero no cae en viernes,
las personas no son las mismas.
Varias fotos han sido quemadas
y nuevos carretes se han revelado.
Sonrisas que ya no veo me acompañan
en su frágil definición de "infinito".
Cuatro paredes han dejado de llamarse "hogar"
y una cámara que me ha dado el poder de recordar.
Las miradas furtivas durante la cena a esa silla vacía,
la crítica implícita bajo el cambio de dígito,
la lista de "propósitos" de año nuevo -o mejor renombrados como "despropósitos- que duermen en el fondo del cajón,
esas ganas incontenibles de coger el teléfono y escuchar la voz que ha fundido tu cerebro aunque eso provoque una guerra en tu interior.
El orden se ha transformado,
ahora arriba es abajo y viceversa,
porque aún sigues arrastrando las heridas de otras primaveras.


